viernes, 31 de agosto de 2012

Café y P...eriódico






Era una mañana de un día cualquiera, medio fría, medio gris... de uno de esos días cargados de cosas importantes, urgentes, inmediatas... tenía media hora antes de salir, así que hice lo de siempre, tomé mi taza de café caliente y me senté a leer la prensa. Mientras tomo el café siempre pienso lo mismo: hay algo más rico que el primer café de la mañana? sigo leyendo, un poco de política internacional, un poco de medioambiente, catástrofes, violencia, niños rescatados, guerras en oriente, dimisiones, sueños de paz y mi obsesión: noticias culturales, música, que pasa en el mundo... es una curiosidad que no me deja vivir tranquila, y como no veo televisión, los periódicos se convierten en mi ventana al mundo!

Pensando cómo el mundo se me viene encima cuando hago mediana conciencia de lo que sucede a mi alrededor, recordé a uno de mis héroes: Mi abuelo. Y en esa mañana llena de cosas tan importantes, urgentes e inmediatas, me tomé el tiempo de recordar lo que se va empolvando y perdiendo, y que es mucho más importante, y más... y más...

Lo de leer el periódico y tomar café no es cosa mia! Es uno de mis recuerdos más tempranos de infancia,  me llené de nostalgia y alegría al entender, que era una hábito aprendido, aprehendido e imitado.

Me transporté a mis 2 ó 3 años de edad, a la casa de mis abuelos. La casa siempre olía a café recién colado, recuerdo muy bien los planes de domingo: mi abuela en la cocina haciéndo sus maravillas culinarias (lastimosamente eso ni lo aprendí ni lo imité,como consecuencia de mi pura y manifiesta falta de talento), y mi abuelo sentado leyendo en un banquito pequeño afuera de la casa, (que siempre tenía las puertas abiertas de par en par) o en la sala con el resto. Mi abuelo, todos mis tios, mi mamá y algún vecino ocasional, se sentaban a leer el periódico y a tomar café... y el mismo periódico! Se partían las secciones, leían de todo, siempre hacían los crucigramas y conversaban, luego leían más, tomaban más café, alguno se levantaba, colaba más, hablaban, discutían, se hacían bromas con el increíble sentido del humor de mis tíos...seguían leyendo.

Yo no sabía leer, no entendía como podían pasar tantas horas frente a unas hojas de papel gigantes, frunciendo el ceño y cambiando páginas de un solo golpe seco. Para mi era un juego que consistía en eso, pasar las páginas de golpe... lo intenté muchas veces... nunca pude! Todavía no puedo!

En esa época no habían otros niños en mi familia, así que viví la experiencia de ser la única niña, en medio de muchos adultos que los domingos tomaban café y pasaban páginas. Ahí empezaron mis conversaciones interminables, con mis tíos, con mi abuelo.

Ahora frente al portátil, no hay tiempo para eso, solo para apurar un expresso, que se hizo solo y a toda velocidad, pocas veces tengo la oportunidad de practicar una vez más el truco de pasar las páginas...Le doy una mirada en zeta a los principales titulares de NY times, The guardian, El País, El Colombiano... Me detengo en lo que me importa, reflexiono.

Esa mañana terminé mi café con un amor especial, con una sensación de bienestar y compañía, como si mi abuelo supiera que sigo leyendo periódicos y tomando café. Hice conciencia de un ritual cotidiano, mágico y enraizado.

Hasta me pareció que el café estaba tan rico, que debía ser colombiano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario