lunes, 19 de noviembre de 2012

De los ínfimos instantes




En un sorbo de té reconocí que era feliz.
Me mecía en la mecedora de la librería. Veía por la ventana, el frío de la calle...los vidrios empañados.
Tomé otro sorbo del Chai, disfruté del calorcito de la tienda, releí los títulos de los libros, le puse otro chorrito de leche... Me mecí de nuevo, tomé su mano- Esto es la felicidad! No pregunté, no sugerí, afirmé. Esa mezcla de alegría infinita, de calma, de plenitud, de profundidad.
- Se parece mucho, verdad? me dijo -No se parece, dije casi molesta, de que dudara así de ese momento que decía tanto dentro de mí. -Es. Besó mi mano casi religiosamente. Cerró lo ojos.- Es, dijo... -Es.

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