Había perdido, había aceptado una derrota. De eso se compone la vida, de ganar y perder, de mantenerse, de volver a comenzar. En mi vida no avanzo en línea recta, avanzo en elipses. Mi clave está en comenzar una y otra vez y cuantas veces sea necesario...
Pero esta vez había caído muy hondo dentro de mí. No podía renegar de la vida, había alcanzado muchas cosas, había realizado muchos sueños. Pero, una flecha había atravesado mi talón de Aquiles.
Estábamos en medio de un verano caluroso, llevaba poco más de un mes en Granada, había culminado mi trabajo para el festival... De Falla y Lorca, me atraparon en la seducción de ésta ciudad, su bohemia, mística, pasión...llegó la soledad, y con ella el encuentro conmigo. Estuve varios días sin hablar con nadie, tratando de vencer mis demonios por mí misma, tratando de curar la herida abierta con aires gitanos. Solo leyendo, escuchando música, caminando hasta el Sacromonte.
Volví a Madrid, porque comprendí que no podía dejarme envolver por la melancolía. Regresé al centro de Yoga, como el último recurso para aferrarme a algo, para no dejarme caer.
Ahí estaba ella, con su energía vital, con su humor negro, son su pasión por lo que hace.
-Es difícil pedir ayuda, cuando estás solo, somos orgullosos, no reconocemos cuando estamos mal.-
Aunque se lo confesé. Le dije con sinceridad que algo me había sucedido, que necesitaba las clases de Yoga como nunca antes... No tuve que explicarle más, vi en sus ojos que había vivido lo mismo, respetó mis reservas, y comenzó a darme cada día un poco de su energía y de su conocimiento.
Muchas veces fui al centro de Yoga, solo para escucharla decir: Todo está bien y todo funciona bien. Me lo repetía profundamente, sietes veces siete. Con el paso de los días sentí que salía del túnel, que el dolor del alma que se había vuelto físico se disipaba. Marisol, transformó mi dolor en energía de crecimiento. Salí de la oscuridad, en un par de semanas era YO de nuevo. Había logrado la meta que me había propuesto un par de años antes cuando salí con una maletota de mi casa: desapego y aceptación: de las cosas, de las personas. Aceptación de la realidad, de los golpes de la vida, de las alegrías.
Cada día de trabajo, llenó mi mente, Yoga es una experiencia física, pero al mismo tiempo es una experiencia energética, mental, espiritual.
He entendido que tenía que tocar fondo, que tenía que haber llorado, que tenía que haber experimentado la soledad profunda en las faldas de la Alhambra. El evento que partió e inició la profunda transformación no es importante. Lo importante es que me ayudó a trascender, a olvidar, a perdonar, a reconciliarme conmigo misma. Un alma rota trajo el Yoga a mi vida. ..es un camino que apenas comienza, que espero nunca abandonar.
Gracias Marisol por haberme dedicado tantas horas, tanta atención, tanto trabajo. Cada gota de sudor, ha servido para curarme, ayudarme a entender, a madurar y a trascender. Nos vemos el próximo año en Madrid! Con profundo agradecimiento, respeto y cariño, Namasté!
