Eran las 5:30 de la madrugada, no podía dormir más. Tenía tantos pensamientos, había visto tantas cosas sorprendentes el día anterior!
Traté de incorporarme silenciosamente. Todos seguían dormidos. Había un ambiente húmedo y cálido a pesar de la hora. No teníamos cobijas, ni camas. Habíamos pasado la noche en el campamento Jumbo. No habían habitaciones de hotel, mucho menos comodidades. Dormimos en una pequeña construcción de madera: un balcón de bambúes y techo de paja, enclavado en la montaña. No tenía paredes, tenía una vista excepcional. Se veían las montañas, verdes como las de mi patria, cubrían y recubrían el horizonte,Siempre me he sentido muy cómoda, cuando me abrazan montañas por los cuatro costados.
Amanecimos tirados sobre unas colchonetas delgadas, puestas a una distancia de unos 15 cms unas de las otras, y separadas por unos mosquiteros individuales, que remembraban cunas. A mis ojos esas ligeras telas blancas, más que protectoras, me parecían estéticas, y daban la sensación de viajar en el tiempo.
Abrí mi mosquitero, y salí de nuestro refugio. Estaba en traje de baño, decidí bajar al río. Sin embargo, desde mi privilegiada locación atisbé el primer rayito de sol, iniciaba un nuevo día, de luces naranjadas, desde la tierra de Budha, en medio de la montaña.
Subí de nuevo a mi balcón de bambú, no quería perderme nada del espectáculo que iba a comenzar! Abrí los ojos y los sentidos, dejé fluir mi energía y me preparé para sentir y para recordar. Salió el sol!! Se iluminó el día, se disipó una pequeña bruma, y respiré profundo, hondo, agradecí a la vida por ese momento. Miré hacia adentro, todos seguían durmiendo.
Eramos un grupo de unas 15 personas, el grupo más grande era el de los ingleses, sin embargo, habían unos 4 franceses, 1 coreano, Jess que era alemana, nuestro primor de guía Si Si que era Thai, y Carmen y yo, que éramos el latin power en el sitio exótico.
Ahora podía ver la falda de la montaña con claridad. Desde arriba, me maravillé de nuevo al ver la planicie y los enormes campos de cultivo, en los que tan arduamente trabajaban éstas gentes. Cultivaban duramente todo el año, (como en mi tierra, allí no existen estaciones, lo que te permitía saborear mangos, piñas y papayas como en casa), pero no cultivaban para ellos, si no para alimentar a los elefantes.
Los elefantes son los miembros más importantes de la casa, y eran tratados con cariño y respeto. Mientras que trataba de adivinar que tipos de cultivos eran y cuanta extensión tenían, ví movimiento. Claro!! Los elefantes ya estaban despiertos, y se movían de un lado al otro.Habían dormido en una especie de nidos de ramas y arbustos, que antes del anochecer, sus cuidadores cautelosamente habían llenado de humo, para alejar insectos y de una manera casi sagrada, de ritual, protegerlos.Salí corriendo montaña abajo, sin vestirme, sin detenerme, como muchas otras veces en mi vida, me dejé llevar por un impulso imparable.
No sé como conseguí llegar tan rápido, y a base de señas, logré hacerme entender: Puedo bañar a los elefantes?? Los jóvenes me miraban y se reían, (seguía en vestido de baño). Uno de ellos, hizo una especie de pequeña reverencia con la cabeza, y me entregó un cepillo gigante, como sacado de un circo. El otro tomó mi mano y me ayudó a entrar en el agua.. estaba helada! Era apenas poco más de las 6 de la mañana!

Los elefantes comenzaron a jugar, y puedo decír que a reír también!
Se mojaban unos a otros, daban vueltas, se revolcaban y armaban pantaneros. Tengo que decír que nunca sentí que pudiesen hacerme daño.
Empece a lavar a uno mediano, que literalmente se sentó a mi lado, y me puso su espalda. Empecé a enjuagar esa piel áspera y reseca, él se movía, y jugaba con la trompa y las orejas.
Derrepente escuché risas, era una de las inglesas, había visto mi carrera de loca, montaña abajo, y había decidido ponerse un bañador y seguirme. I think that this is pretty dangerous! me gritó desde la orilla. yo le respondí: Well, don´t do it!! a los 5 segundos se tiró al agua.
Justo en ese momento, sentí como una trompa me agarraba desde la cintura y me suspendía en el aire. - si ésta no hubiera venido a advertirme, nada de esto estaría pasando, voy a morir estrangulada por un elefante! ya mi tío me lo había dicho- pensé. Sin embargo, no quiso matarme, aunqué podía, de haber querido... Simplemete quería ayudarme a montarme sobre su lomo, y así lo hice. aferré mis piernas a la parte de atrás de sus orejas, tendí mi mano hacia la inglesa,me miró con cara de limón -are you sure? do you know how to ride an elephant? -Of course, le dije, -I´m Colombian! Ella subió, y el elefante se puso de pie... WOW! nunca había tenido esa perspectiva del mundo: otra vez los cultivos se hicieron pequeños, los pasos del elefante vibraban en mi corazón, los chicos thailandeses reían y me animaban, empezamos a caminar por la planicie, mi compañera se agarraba a mi, muy segura y muy tranquila, porque seguramente -como yo venía de la selva-, nada malo podía pasarle.
Pensé en la vida, en los rumbos, en las sorpresas, y en la gracia de los amaneceres impensables, inimaginables! Dimos vueltas, hasta que algunos más del grupo despertaron y bajaron a disfrutar de la mañana...
los otros elefantes ya estaban desayunando, así que consideré justo dejar descansar el mio, para que se uniera al resto, y ahí me di cuenta, y me hice esa misma pregunta que me he hecho tantas veces en mi vida, en situaciones tan diversas y que no me creerían: - y ahora, cómo me bajo??
Esto me recuerda a mi mamá... tiene un trauma generado por mi niñez, cada que le digo que estoy de viaje, que voy a visitar un nuevo lugar etc. me dice: No se vaya a tirar de ninguna parte!! jejejejeje... Pero, siempre me acuerdo de su sabio consejo, justo cuando estoy encaramada y sin mas remedio...
Cuando estaba respirando, lista para saltar y ver desde abajo la cara de pánico de my british friend, el elefanté se puso de rodillas, e inclinó su cabeza... el me había sentido! yo me bajé, ella se bajó, me miró estupefacta: -How did you do that? yo me reí, la verdad, nunca quise dañar su ilusión.
Me pasé gran parte de la mañana con los elefantes, alimentándolos, especialmente al mío, hasta que tuvimos que partir, para seguir el recorrido.Había estado tan ensimismada en la experiencia, que no me percaté de que uno de los franceses (fotógrafo), había seguido toda la experiencia con su lente. Gracias a él, hoy puedo recordar con imágenes digitales, que no son tan vivas como las de mi mente, esa increíble mañana. Y me permite compartirla con uds!
Merci Arnaud!

