Este escrito nació mientras redactaba "un petite manifeste humaniste" y pensaba en todas las cosas buenas de la humanidad que nos unen, lo que compartimos profundamente mas allá de los idiomas y las fronteras. Olvidé, las cosas malas, olvidé el miedo y llegó a mi, gracias al titular de un artículo en una revista: "el país del miedo", que narra la situación que se está viviendo hoy en España. El titular, aunque me hizo pensar, me pareció injusto, porque creo que España no merece ser tratado así, es el país de muchas cosas, no el país del miedo, paises del miedo somos todos.
Aunque la aseveración no nace porque sí. Es verdad que hay miedo: se siente en la calle, se escucha en las conversaciones de los bares, en las ponencias de las universidades, se lee en los artículos de prensa, se ve en los medios infinitamente manipulados. Hay miedo social, y puedo decir que lo sé, lo reconozco porque lo he vivido antes, podría decirse que tengo conocimiento de causa.
El miedo colectivo, esa conciencia conjunta de que algo malo nos está sucediendo a todos y nos puede suceder peor, ese miedo social del que les quiero hablar hoy, lo he sentido 3 veces en mi vida, en 3 países que han sido mi casa, y por 3 situaciones completamente distintas.
Nací a finales del 87 en Medellín-Colombia. Mis primeros recuerdos de infancia, aunque bellos y comunes, tienen una escenografía inmóvil compuesta por un televisor, siempre en el canal de las noticas, lleno de música acelerada que contaba la noticia de última hora: carros bomba, sicarios, enfrentamientos de bandas, muerte, narcotráfico, secuestros. Recuerdo las alocuciones presidenciales de César Gaviria, recuerdo los carteles de "SE BUSCA" recuerdo el día que mataron a Pablo Escobar. Y no soy yo, somos todos lo que padecimos esa terrible violencia y desquicio colectivo.
Todos tenemos una historia trágica que contar, un recuerdo terrible, No puedo quejarme, pudo haber sido mucho peor. Sobrevivimos! Sin embargo, para mi generación esto representó crecer con cierta indiferencia hacia la muerte (mataron 20, 30 , solo 6 personas?), y algo de aceptación tácita de la violencia... luego comprendí que así no era el mundo, así fue ESE mundo. Sé que es el miedo: La gente no habla de otra cosa, está constantemente angustiada, las miradas de los transeuntes, el humor de la calle.
Se vive, es denso constante e intermitente a la vez.
Afortunadamente, desde esas épocas han pasado años de lucha, y aunque queda mucho camino por delante, la epoca sombría se superó, todo pasa, siempre, en las vidas personales y nacionales. Y la verdad, aunque no me place ahondar mucho en esa etapa de mis recuerdos, los traigo aquí y ahora, solo para explicar ese primer contacto con el miedo social: producto de la violencia y la guerra interna. Y cómo logramos renacer y trascender, desde el fondo de nuestra terrible realidad social, siendo hoy Medellín un ejemplo de progreso, innovación y tranformación.
Luego en mi otra casa: Brisbane- Australia, un país soñado, donde la violencia no existe (ellos dirán que sí, yo diré que un borracho no es violencia según mis parámetros), un sistema de salud, político, educativo y social envidiable, un país en pleno desarrollo, de gente buena y trabajadora. Miedo de qué? de lo que no se controla: Los desastres naturales...Ese día comenzó el rumor: Si llueve 2 días más se va a inundar "la city"...yo no lo creía. Una ciudad tan bien planeada, tan bien construida, no tenía porque temer de la simple lluvía. Investigué... llegué a la conclusión de que no tenía de que preocuparme. Sin embargo ahí estaba el miedo: otra vez en los noticieros, en los titulares de prensa, en mi trabajo, en la escuela, en la orquesta.
Aprendí la palabra FLOODS. No paraba de llover, 1, 2, 3 días...comenzaron las predicciones: el río está aumentando tantos centrímetros por hora... se suspendieron los ferris, se suspendieron las actividades en la city, habló la primer ministro Julia Gillard, llamó a la calma, pero pidió armar kits de evacuación y almacenar alimentos no perecederos. Continuó ese olor de miedo social, acompañado de una lluvia imparable. finalmente llegó el día trágico, un inland tsunami o tsumani de ciudad acabó con la vida de casi 80 personas, se reventó una represa, la ola se aproximaba hacia la ciudad, se ordenó la evacuacuión inmediata. Desactivaron toda la electricidad en la ciudad para evitar una catástrofe mayor, sobrevolaron helicópteros, se encendió una alarma/sirena que aturdia cada espacio de la ciudad, una experiecia apocalíptica-hollywodense.
Yo estaba en clase, me ordenaron volver a casa de inmediato, salí y decidí caminar, el transporte público (que quedaba) era imposible de abordar, y los puentes y vías de la ciudad estaban atascadas a más no poder por ciudadanos desesperados tratando de abandonar el sitio, comprar alimentos o reunirse con sus seres queridos.
Al llegar a mi casa, hice una maleta con lo necesario, y salí, fuimos evacuados hasta Gold Coast, una ciudad a casi 1 hora de Brisbane, (fue una aventura). Pero dolía encender el televisor, ver a la gente perderlo todo, ver a hombres y mujeres llorando al ver la devastación. Lloré al ver a las familias de los desaparecidos, y la pujanza de un país en el que no esperaron ni horas, para comenzar a reconstruír.
El gobierno no tuvo que organizarlos, los ciudadanos comenzaron la limpieza y recolección de escombros por cuenta propia. Ocurrieron miles de historias, de "milagros". Estuve un par de semanas fuera de mi casa. Recuerdo que en esos mismos días ocurrió lo mismo en Brasil. Pero no hubo evacuación, ni predicciones, ni sistema efectivo, el tsnami de ciudad llegó con avalancha incluída, murieron más de 400 personas. Queensland sigue recuerándose hoy, aunque el miedo también pasó, no se olvidan las victimas y la tragedia. sin embargo, la vida siguió.
Mi tercer encuentro con el miedo social lo vivo hoy en Madrid. Ya no por la terrible violencia, o el golpe imprevisto de la madre naturaleza. Si no por el declive de un sistema político y financiero, el nuevo fantasma que azota a ésta sociedad que hoy es mi casa se llama "la crisis". Y la reacción es igual, el olor es igual, el cielo se ve igual.
Desde hace 2 semanas no ha habido un solo día en el que no me tope con una manifestación en la calle: de aerolíneas, profesores, empleados de la salud, funcionarios públicos, artistas, grandes, pequeñas, silenciosas, musicales... Un pueblo movilizado día a día clamando a gritos más de indignación que de miedo, sobre un asunto que no tiene reversa.
Ese olor de la tensión y del miedo, esa energía en la calle la reconozco, no son las balas, no es la lluvia, es una generación entera que trata desesperadamente de salvar lo que queda, ya lo he visto antes. Tarde o temprano, tiene que estallar, como el asesinato de un gran capo, o la explosión de una represa. Lo bueno, es que de éste estado de angustia sostenida tarde o temprano se saldrá.
Vuelvo a mi conclusión de que la vida de las naciones y la de los individuos que la conforman no son tan distintas. Por ahora fuerza a España, a los luchadores, a los que le están poniendo la cara a este momento histórico del que todos debemos aprender. De algo estoy segura y es que igual que antes, este miedo social que hoy se respira no perdurará para siempre, y mucho menos detendrá la lucha de la humanidad como nación común en su infinito esfuerzo por superar la adversidad.


