jueves, 29 de agosto de 2013

Y ¿Nosotros?

Dejé una España partida en la indignación, desilusionada y cansada. Absorta en las marchas, protestas, en los gritos y la impotencia de los que están perdiendo lo que logró siglos construir….volví a una Colombia plagada de desigualdad social, llena de gente que tiene que ganarse el sustento mínimo a días enteros de sol y agua, una sociedad que aprendió a convivir con la violencia, la desigualdad, el terrorismo, la corrupción, el narcotráfico. Vivimos en una guerra civil que ha perdurado  más de 50 años, todos tenemos una historia trágica un recuerdo que parece una pesadilla: un secuestro, un asesinato, una bomba. Para poder avanzar como individuos y como colectivo tuvimos que olvidar, y para olvidar tuvimos que hacernos indiferentes, y para hacernos indiferentes hemos recibido un riguroso entrenamiento que consiste en aprender a escuchar noticieros plagados de asesinatos y extorsiones, aprender a ver gente en la calle consumida por las drogas, aprender a no salir solo en la noche, a desconfiar…y a no llorar frente al televisor.
Hoy el pueblo Colombiano está indignado en pleno, y eso es mucho decir! Decidimos dejar de  olvidar, de salirnos del entumecimiento de la indiferencia… y la respuesta es muy simple, hoy están tocando algo que sí nos duele a todos y que no podemos olvidar: nuestros ancestros.
Sentimos que nos quitan lo único que nos queda: la tierra. Y con la tierra vemos llorar a los campesinos, y con los campesinos lloramos a nuestros abuelos, a nuestra historia, a los pisoteos del primer mundo…
Mi orgullo más grande es decir que mi abuelo cultivó las tierras de Antioquia, y como él la mayoría de mis antepasados. Somos un pueblo que ha vivido de la tierra, y hoy pareciera que no podemos ser indiferentes ante todo.
Y ahí viene mi reflexión, ¿vale la pena haber decidido dedicar mi vida a la música, al arte, a la exaltación de la belleza, la estética y la profundidad humana? ¿Un pueblo que muere de hambre e indignación puede pensar en bellezas y estéticas? ¿Qué sentido tiene buscar el arte en medio de la violencia? ¿Podríamos hacer cosas más útiles para el mundo que nos tocó?
Pues queridos amigos artistas, somos lo último que le queda a la sociedad en medio del caos, el dolor y la crisis. Debemos asumirnos como persistentes dadores de esperanza. Nuestro trabajo consiste en servir, conservar lo bueno de las almas de los hombres, reflejar sus inquietudes espirituales, nutrir su intelecto, sus emociones.
Hacer música en medio de la violencia, el llanto y la desolación es alentar a los pueblos a que  luchen sobre la injusticia y recuerden lo efímero de nuestro paso por el mundo.
Aporto al mundo, con absoluta convicción lo único que he aprendido a hacer: luchar con y por la música por construir un mundo mejor! Las artes del espíritu están llamadas a hacer presencia en la transformación. Dijo Bernstein: “esta será nuestra respuesta a la violencia: hacer música más bellamente, intensamente y devotamente como nunca antes”.