jueves, 10 de diciembre de 2015

Carta de Agradecimiento a un Hacedor de Paz

Imagen tomada del libro "Veinte Años de Música Viva"


Conozco a Juan Guillermo Ocampo desde que tengo 11 años de edad. Lo escuché hablar de música, transformación, amor, humildad y servicio a los demás. Carismático, lleno de vida, sueños y esperanza.

Medellín estaba vestida de luto, llena de violencia y desesperanza. Un hombre como “JuanGui” solo podía entenderse como un loco. ¿Llevar música clásica a las comunas de Medellín? ¡Ideas de locos inconscientes!

Año tras año lo vi luchar, visitar barrio por barrio, convencer a los líderes de las acciones comunales, buscar recursos, buscar niños casa por casa, puerta por puerta, convencer a empresarios y políticos…de que tal vez su locura, de que tal vez su idea, no era tan descabellada. Vi como lo llevaron mil veces a la palestra pública a explicar sus “insensateces”. Vi como una orquesta sinfónica enorme compuesta por niños y niñas de Medellín era tildada de antimusical, antiestética, antipedagógica y anti-anti...

Sin embargo, lo que más vi fue su enorme espíritu de lucha, su decisión y su amor incondicional por Medellín. Juan Guillermo cree en el ser humano y en su capacidad de bondad y por eso, lo único que hizo fue llenarnos de ilusión y sueños. ¡Sí! Juan Guillermo Ocampo nos enseñó a soñar, a ser libres, disciplinados, apasionados y a pensar que todo era posible de realizar. Ah bueno… y por el camino, aprendimos música.

La Red de Escuelas de Música de Medellín nació como el propósito de vida de un filósofo, soñador, trabajador social. Que además fue muy testarudo y muy terco y fue capaz de convertirla en un proyecto de ciudad.

La Red NO nació de los acuerdos municipales 03 y 04 de 1996. Nació como un movimiento desde la sociedad civil, liderado por un individuo que supo articular las necesidades de Medellín con su deseo de servir y su amor por la música.
La Red no se generó de manera espontánea, nació de un trabajo arduo, sensato, dirigido y estratégico. Los acuerdos municipales no nacen gracias a un soplo divino, mucho menos en la década de los noventas.

La legislación Colombiana acoge el Derecho de Paternidad, como el “reconocimiento de la paternidad del autor sobre la obra realizada”. Es un derecho consagrado dentro del Derecho de Propiedad Intelectual y nace, como todo el ordenamiento jurídico, de la búsqueda de justicia dentro de la sociedad. Porque justo es, que el autor de una obra sea reconocido porque impregnó en ella su conocimiento y espíritu, creando una nueva obra para su comunidad producto del esfuerzo de su intelecto. Claro está que hablar sobre la obra intelectual y material de alguien sin siquiera mencionar su nombre, además de ser de mal gusto y muestra total de falta de respeto, es un atropello a un derecho legítimo del individuo.

Y es que la Red de Escuelas de Música de Medellín es fruto del intelecto, filosofía, amor y de la creación de Juan Guillermo Ocampo. Quien no solo tuvo una idea, si no que la desarrolló, llevó a la vida y la proyectó a un punto inimaginable para todos nosotros. 

Nos falta humildad en Medellín para reconocer las obras de la sociedad civil, de los transformadores sociales, la labor de construcción del ciudadano.

Querido Juan Guillermo,
Lamento que Medellín no reconozca tu labor y obra, no solo en la realización humana y transformación social de nuestra ciudad, si no en la formación de músicos y artistas para todas las instituciones que conforman su sector musical.

Una generación entera de jóvenes de Medellín te reconocemos como padre, fundador de la Red de Escuelas de Música y hacedor de sueños y esperamos que se haga justicia en el reconocimiento de tu labor.

Gracias por darnos tanto, gracias por creer en los que nadie creía, gracias por llenar nuestros corazones de idealismo y lucha.

Gracias Juan Guillermo por hacer tanto por esta ciudad desagradecida que estará eternamente en deuda contigo. Porque no solo se necesitan programas de desarrollo institucional, se necesitan líderes comprometidos, con visión, amor y entrega total como tú.

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Escote o burka?


Fotografía tomada a la vitrina de un almacén de moda en Ankara - Turquía

Estando en una mezquita de Estambúl, un guía turco explicaba a un grupo de turistas británicos, con mucho orgullo, que la República de Turquía era un país laico, 10 minutos después, les contó con el mismo orgullo que practicaban el Ramadán (ayuno diario desde el amanecer hasta el crepúsculo) por razones espirituales. Me quedó claro, Turquía es un país laico, tan laico como la bendita Colombia consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.

El guía también explicó que Turquía tiene una sociedad liberal y que no confundiéramos a las mujeres cubiertas con la burka como turcas... ellas son árabes, enfatizó, "solo las turcas muy tradicionales se cubren el pelo con velo, y el cuerpo hasta las muñecas y tobillos, pero porque quieren". Quería dejar muy claro a los extranjeros que ésta no era (ya no) la cultura sobre la que se fundó su república.


NOTA MENTAL: Claro es, que hoy  medimos el avance cultural e intelectual de una nación  por los valores y libertades igualitarias que brinda a sus mujeres, minorías étnicas, grupos LGTB y a los animales, entre otras cosas; el machismo, la xenofobia, la homofobia y el maltrato animal son signos claves de una sociedad decadente, atrasada y retrógrada.


Por eso el guía quería dejarlo muy claro: "las mujeres turcas son libres".  Sin embargo, es común ver muchas burkas y velos cubriendo miles de mujeres en las calles, y esa sensación puede dar dolor de estómago a las mujeres que vivimos en una lucha reivindicativa por la igualdad. 


Luego recordé que viví esa misma sensación caminando por las calles de mi ciudad...viendo escotes de silicona hasta el ombligo, bronceados artificiales, minifaldas con plataformas y cinturas amarradas a la fuerza con liposucciones. También en Medellín nos creemos libres, no influenciadas por la narco-estética. ¿Y dónde está la escala de valores que determina nuestras preferencias? ¿Es elegida por las mujeres, o por los hombres que deciden cómo prefieren vernos desfilar por las calles? ¿Ocultar nuestra belleza? ¿Exhibirnos como a caballos de paso fino?


Indagando sobre el tema descubrí una anécdota muy especial, y es que "Ataturk", el emblemático fundador de la república turca,  en su afán por quitar el velo a las mujeres del naciente país, dictaminó que: "Con efecto inmediato, todas las mujeres turcas gozan del provilegio de usar la ropa que prefieran,sin embargo las prostitutas están obligadas a usar la burka." Al día siguiente no se vio una sola mujer con burka en Turquía. Por eso el énfasis del guía, finalmente, esta hazaña es un orgullo patrio. 


Conocí mujeres turcas maravillosas, instruidas, liberales y emprendedoras, así como conozco miles de colombianas, españolas, alemanas, australianas... ¡luchadoras y aguerridas!


Es que el problema, creo, no es el escote o la burka, sino nuestra capacidad de elección consciente, de auto-determinarnos como mujeres independientes, y de aportar al desarrollo de nuestras naciones y del mundo con pleno entendimiento de nuestra posición social, de la victoria de los derechos ganados y del reto constante de las igualdades por alcanzar.


PD. Hace unos días vi a la primer mujer pilota en un vuelo comercial, sí ya sé, hay muchas, nunca me había tocado... y fue en Estambúl ;)